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Palabras de apertura de la Asamblea General del Instituto Latinoamericano del Ombudsman – Defensorías del Pueblo (ILO) en Lima ,el 24 de agosto de 2018 a cargo de la I° Vicepresidenta Dra. Cristina Ayoub Riche

Palabras de apertura de la Asamblea General del Instituto Latinoamericano del
Ombudsman – Defensorías del Pueblo (ILO) en Lima ,el 24 de agosto de 2018 a cargo de
la I° Vicepresidenta Dra. Cristina Ayoub Riche


En primer lugar quisiera agradecer la presencia de todas y todos, compañeras y compañeros,
agradecer a los anfitriones que nos permitieron concretar este Encuentro, este Seminario de
ILO, aquí en la ciudad de Lima, por eso mi reconocimiento a las acciones hacia esta conquista
del Rector de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Doctor Marcial Rubio Correa, del
Defensor del Pueblo del Perú, Doctor Walter Gutiérrez Camacho, del Presidente del Instituto
Latinoamericano del Ombudsman – Defensorías del Pueblo (ILO), Doctor Carlos R. Constenla,
que viabilizaron este iluminado encuentro que nos da la oportunidad de, en la apertura de esta
Asamblea, destacar lo que el ILO ha venido haciendo en los últimos años:
1) Apoya la creación de las Defensorías del Pueblo donde no existen, ya sea a nivel
nacional, provincial/estadual, regional o municipal.
2) Apoya a las Defensorías Universitarias y otras Defensorías especializadas.
3) Apoya la integración de América Latina y también del Caribe en lo referente a las
Defensorías del Pueblo.
4) Facilita permanentemente el debate de todos los aspectos académicos vinculados a esta
institución, y, por último:
5) Procura darle a todas y todos la posibilidad de relatar y exponer sobre las experiencias
de cada institución, dándoles la oportunidad de intercambio de ideas y reflexiones en
favor de la construcción de un mundo mejor, más justo e igualitario.
Los días actuales van tejiendo nuevas situaciones que requieren nuevas opciones éticas y la
consagración de nuevos derechos. ¿Estamos por la vida o por la muerte, en términos de
conducta y no apenas de discurso? La opción por el valor vida significa la lucha concreta en el
sentido de la preservación y mejor calidad de vida, en el campo de los derechos humanos.
¿Elegimos, a través de nuestros actos, la invención democrática o la preservación de las leyes
autoritarias inicuas?
La opción ética que hagamos nos llevará a una participación, como ciudadanos organizados, en
la construcción de una sociedad participativa, con mayor igualdad, con mayor justicia y
equidad social, en que el poder político esté centrado en la comunidad. Esta es una forma de
constituir la libertad en el proceso histórico. ¿Somos o no somos agentes de cambio, agentes
transformadores? ¿Estamos promoviendo los fundamentos republicanos como ciudadanía,
soberanía, dignidad humana, libertad como agentes colectivos de materialización de los
derechos humanos? Son estas algunas de nuestras inquietudes permanentes.
Si reducimos la ética, dejándola para el campo de los mandamientos de los códigos, si
admitimos el derecho apenas como un conjunto de leyes de un Estado, todo nuestro trabajo
pasa a no tener sentido, pues retira la ética de su papel de expresión valorativa del crecimiento
humano y coloca el derecho como mero conjunto de procedimientos rituales sintácticos.
Nuestra lucha pasa por el movimiento en el sentido del respeto a los derechos consagrados
constitucionalmente y transborda hacia la construcción solidaria de una sociedad en que la justicia signifique el fin de las represiones, de las opresiones, de los prejuicios, de las desigualdades sociales, de la degradación ambiental y humana, de la falta de respeto al trabajador, a los niños, a los sin tierras, para citar algunos ejemplos, y que signifique la promoción de la vida y de la dignidad humana. Eso quiere decir que la lucha continúa, ardua,

difícil y exige de nosotros, todo el tiempo, la construcción y reconstrucción ética, si optamos
por la materialización de los derechos humanos de la historia.
Estuvimos reunidos aquí, en Lima, en este Seminario para análisis e intercambio de
experiencias sobre el trabajo de las Defensorías del Pueblo, en relación a las cuestiones que
involucran el Derecho a la Ciudad como eje estructurador para responder a los desafíos
urbanos cotidianos, buscando construir una agenda inclusiva y democrática de dimensiones
distintas y entrelazadas, con la intención de hacer efectivos los derechos fundamentales, los
derechos humanos, en particular aquellos relativos al territorio, a la sustentabilidad y a la
soberanía alimentaria. Además nuestro Seminario sirvió para analizar las estrategias de
promoción y comunicación de nuestras instituciones, de nuestras Defensorías en relación a las
temáticas antes mencionadas. La comunicación debe ser tratada con seriedad, encarada como
una estrategia, como una política de inclusión y de participación popular, siempre anclada en la
ética, para contribuir en la disminución del déficit de soberanía, de ciudadanía, y de dignidad
humana.
El territorio es un espacio físico delimitado y caracterizado por determinadas formas de vida de
la población que lo habita, que otorga y retroalimenta una identidad colectiva y es a la vez
escenario de intercambios y negociaciones entre diversos actores con intereses diversos y
muchas veces en conflicto. Fueron presentadas cuestiones que analizan el territorio desde la
perspectiva de la sustentabilidad ambiental y desde los derechos humanos a partir de las
experiencias concretas de las defensorías del pueblo. Al mismo tiempo contemplamos otras de
las dimensiones como habitabilidad, inclusión, democracia y educación en el abordaje de este
eje temático del seminario.
En este marco, la consideración al tema de la soberanía alimentaria se planteó a partir de la
necesidad de abordar el problema de la alimentación, desde una perspectiva de derechos
humanos, garantizando el acceso a la seguridad alimentaria, promover la agricultura sostenible
y poner fin al hambre. Por eso mismo no podemos dejar de reconocer y difundir el trabajo de
Josué de Castro, autor de Geopolítica del Hambre y de Geografía del Hambre, que tuvo el
coraje de dar visibilidad y enfrentar la temática del hambre en Brasil y en el mundo.
Sustentabilidad implica necesariamente el reconocimiento de la alimentación saludable como
un derecho humano. Es inseparable de la idea de la justicia social y su seguridad y calidad es
uno de los argumentos imprescindibles para terminar con la pobreza. Pero ningún problema en
ese sentido puede resolverse, si a la vez no se garantiza la soberanía alimentaria
El tercer eje del seminario abordó la comunicación y promoción de derechos. Contamos con
ponencias de análisis de las estrategias de comunicación que permiten a las defensorías
contribuir a la comprensión y al efectivo ejercicio del derecho a la ciudad desde sus prácticas
comunicacionales.

En razón de toda la temática abordada en este Encuentro, vuelvo a mencionar a Josué de Castro
que, como pensador consecuente, no se limitó a dar el diagnóstico del hambre del mundo, él
supo orientar cómo se podría desarrollar la lucha por su erradicación.
Durante toda su vida Josué de Castro fue un gran luchador, actuando en dos frentes, el
científico y el político. Centralizó sus preocupaciones en el problema del hambre, otorgando
sentido de totalidad, sin embargo, no lo aisló como un hecho biológico, sino que estableció sus
conexiones con lo social, lo cultural, lo económico y lo político. No limitó sus reflexiones y sus
estudios al Nordeste de Brasil, su región de origen, ni al plano nacional; los extendió al plano
internacional, comprendiendo la solidaridad que habría de ser construida entre los pobres,
excluidos, de todo el mundo.
En relación a la lucha contra el subdesarrollo, Josué de Castro tenía posiciones bien definidas y
defendidas en su acción política. Un pensador con grandes preocupaciones sociales a punto de
admitir que el período entre las dos guerras mundiales fue el de dominio de lo económico,
mientras aquel iniciado con el fin de la Segunda Guerra Mundial sería el del hombre social,
procuró siempre desarrollar su raciocinio y su acción en función de una política de bienestar
social. Tal política fue seguida en Europa por varios países, con la formación de gobiernos
laboristas, socialdemócratas, socialistas.
La paz era su objetivo final, por esto organizó la lucha mundial contra el hambre y procuró, en
la presidencia del Consejo Ejecutivo de la FAO, desarrollar acciones y programas que
permitiesen la mayor racionalización de la producción de alimentos y la formación de stocks
que atendiesen a los países y a las regiones necesitadas en momentos de crisis, tanto las
provocadas por la naturaleza – como inundaciones, sequías, terremotos, erupciones volcánicas,
plagas etc. – como las provocadas por el desarrollo de políticas agrarias en determinados países
o de interrupciones provocadas por guerras o acciones revolucionarias.
Su visión de escala internacional lo llevaría a preocuparse con los problemas de los más
diversos países y continentes, encarando a la humanidad como única, a pesar de heterogénea.
Por eso su preocupación no sólo con la problemática brasileña como con la de los pueblos de
otros continentes.
En Geopolítica del Hambre, aborda el impacto del imperialismo económico en escala mundial,
que determina el destino de las tierras agrícolas a determinados productos, muchas veces
contrariando las necesidades de los países y provocando la agudización del proceso erosivo en
una agricultura de explotación que maximiza la productividad y la rentabilidad, minimizando
la cuestión del medioambiente.
La visión de totalidad de Josué de Castro no se expresa apenas en el análisis de la
interdependencia de los hechos y fenómenos, sino también en la concepción geográfica y en el
deseo de construir un mundo único, heterogéneo en sus diferencias pero homogéneo en sus
aspiraciones de bienestar y de paz.
La cuestión de la compleja y paradójica problemática del hambre permanece como una
temática recurrente en Brasil, en América Latina y el Caribe, en África, en Asia y en el mundo.

Frente a algunos dilemas de la actualidad, tales como aquellos que tratan sobre la
sustentabilidad ecológica del planeta y la garantía del derecho humano a la alimentación, sobre
las cuestiones de inmigración y refugio, se vuelve imperioso reactivar la lucha defendida por
Josué de Castro por la adopción de un modelo de desarrollo económico sostenible, una
sociedad sin miseria y sin hambre, una sociedad con garantías mínimas de un Estado de
bienestar social.
En un escenario complejo de desigualdades sociales, de disminución de derechos, de racismos,
prejuicios , de afronta permanente a la dignidad humana, de cosificación del hombre y
banalización de la vida, del individualismo y del consumo exacerbados, rememorar el legado
de Josué de Castro es, por sí sólo, replantear los derechos humanos en una dimensión global, y
esta es una causa que, realmente, da sentido a la existencia de las Defensorías del Pueblo, de
las Ouvidorias, de las Procuradurías que tienen en su actuar la centralidad de la defensa y la
promoción de los derechos humanos, y de los fundamentos republicanos de la ciudadanía, de la
dignidad humana, de la soberanía. ¡Qué ellos no sean olvidados y invisibilizados, que
continuemos actuando para la defensa de los rostros humanos, donde quiera que estemos donde
quiera que ellos estén!
Y que todos los abordajes aquí presentados y el intercambio de experiencias, continúen
inspirándonos y provocándonos un torbellino de inquietudes, reflexiones, ideas y críticas que
repercutan en nuestro actuar cotidiano. ¡Que la solidaridad y el amor estén presentes en
nuestras prácticas cotidianas y que las utopías y esperanzas venzan el miedo y la
desesperanza!  
¡Y tengan plena seguridad de que eso será muy bueno y habrá valido la pena, pues es lo que
nos mueve en el quehacer histórico!
¡Gracias a todas y a todos!